La Historia como nunca se la contaron: Las Guerras Pastafaris – Parte II

Después de una dilatada espera por fin la II Parte de la apasionante narración de las Guerras Pastafaris, Piratas de corazón: todos leed y aprended de la Historia…

Segunda Cruzada Pastafari (847-855)

En esta segunda cruzada, la generalidad de los pastafaris acuden a socorrer a Roma, no sin antes esperar durante dos años por si León V se arrepentía. Pero ahora el daño es mayor. El empeño de los cristianos de atacar desde dentro del seno de la Iglesia sigue demostrando estar justificado. Gracias a que el Cristianismo, prácticamente desconocido hasta entonces, se impone como opción en los propios templos, muchos jóvenes, y no tan jóvenes, se convierten a esta religión. Hay que tener en cuenta que el Cristianismo proponía una vida casta y alejada del sexo. Este mensaje prende rápidamente en las almas… de los feos.

En esta ocasión, las tropas pastafaris, dirigidas por Inciclopea III, reina de Gondwana, descendiente de Frikipedio e Inciclopea la Hechicera, condes de Pedia, llegan a la Ciudad Santa, que sitian durante tres años. Finalmente, en el 855 Roma es liberada, y el papa hereje León (santificado por los Cristianos posteriormente) es ajusticiado. El nuevo papa pastafari, Benedicto III, hace retirar los carteles de división de culto cristiano-pastafari en los templos. Los cristianos supervivientes huyen en una larga diáspora, llegando finalmente a Transilvania, en donde todavía hoy existen descendientes de ellos.

Curiosamente, los βαν πϖροσ (Ban Pyrós o Quemados por Dios en lengua grecotransilvana) hoy en día aborrecen las cruces, quizá por la persecución que sufrieron a consecuencia de ellas. Transilvania fue el refugio de los herejes. En los cuarenta años de paz desde la muerte de León V, la comunidad cristiana fingió convertirse al pastafarismo para poder sobrevivir al pasar inadvertidos. Pero en la sombra, los mensajeros transilvanos iban organizando el ataque.

Nuevamente, las riquezas y los favores sexuales les sirvieron a los cristianos para comprar apoyos.

Los Cuatro Años de Terror (896-900)

Con el papa Bonifacio VI, llamado El Breve, cuyo pontificado duró solo quince días, la Iglesia Pastafari se vio repentinamente debilitada. Los reyes de todas las naciones pastafaris se reunieron en Roma para elegir nuevo papa. Pero fueron víctimas de una emboscada. Apenas la mitad de ellos pudo sobrevivir. Los cristianos atacaron el Palacio Papal desde dentro, haciéndose pasar por criados y cocineros.

El nuevo papa, Esteban VI, fue obligado a renovar el acuerdo sergiano, y los templos vuelven a dedicarse al 50% al dios cristiano. Pero cuando, sobrados que estaban, los cristianos le obligan a lanzar un edicto que declare anatema contra el Monesvol, Estaban VI se suicida, y durante cuatro años, los papas dejan de vivir en Roma. El papa impuesto por los cristianos, Anónimo III*, cumple todos sus deseos. Publica la encíclica Morite Pastafaria por la que todo aquel que posea espaguetis, macarrones o fideos debe morir. Este papa, de origen francés, manda decapitar solo en Italia a unas 100.000 personas.

Afortunadamente, en los territorios más alejados de Italia, en los que todavía los cristianos no consiguen dominar, se organiza un ejército que parte hacia Roma. Es el llamado Ejército de la Santa Compaña Pastafari, que reunía a gondwaneses, asturíacos, castellanos, portugueses, franceses, belgas, polacos y otros.

La Tercera Cruzada Pastafari o Cruzada de Onipsis (900-914)

Las anteriores cruzadas eran apenas campañas de represión de los insurgentes, pero la Tercera Cruzada Pastafari, la de la Santa Compaña, supuso una larga guerra, que duró catorce años, con gran cantidad de bajas en ambos bandos. Los ejércitos de los buenos fueron dirigidos por el rey Onipsis I el Misericordioso. Onipsis era un monarca de origen transilvano, por lo que conocía bien a la chusma cristiana. Enviado por ellos como espía contra los pastafaris, una vez en Gondwana se arrodilló ante el rey Barrabás II y le… juró lealtad eterna, descubriendo los planes herejes y confesando su firme creencia pastafari. Las informaciones de Onipsis permitieron una primera incursión exitosa en territorio enemigo y el apresamiento de grandes contingentes humanos.

Barrabás II murió envenenado, inexplicablemente, en pocos meses, y el talento político de Onipsis le abrió el camino hacia la corona. Una vez en el trono, Onipsis I organizó ejércitos de hombres, mujeres y niños contra las fuerzas cristianas y las cruentas batallas, que duraron una década, sembraron Europa de cadáveres. Tras tomar Roma, Onipsis I organizó una batida contra Transilvania, donde mandó empalar a unos 200.000 cristianos transilvanos, no sin antes extraerles la sangre, por humanidad, para que no muriesen desangrados.

Aún hoy la literatura popular recuerda con cariño a esta figura misericordiosa, si bien confundiéndola en ocasiones con Vlad Tepes, el empalador, personaje cruel y despiadado que no merece compararse con este rey.

La Pax Romana (914-939)

En el año 914, al fin toda Europa volvía a ser oficialmente pastafari. El papa hereje había sido ajusticiado, y Onipsis I coronaba él mismo al nuevo papa pastafari, Juan X. Los cristianos, que eran entonces ya una parte importante de la población, con importantes colonias en Italia, Grecia, Alemania, etc, obtuvieron permiso de la Iglesia pastafari para mantener sus cultos siempre y cuando lo hiciesen en silencio y sin manifestaciones públicas. El acuerdo sellado por los líderes cristianos moderados y la oficialidad pastafari satisfizo aparentemente a toda la sociedad y se abrió una larga época de colaboración y paz, que fue llamada Pax Romana por haberse sellado en dicha ciudad.

Pero en la sombra, algunos líderes iban alimentando un odio espeso como la pez, acariciando en secreto el sueño de una Europa cristiana y en la que los pastafaris sirviesen de abono a la tierra.

Las Guerras Diminutas (939-946)

La estrategia seguida por los líderes cristianos fue muy inteligente. En lugar de intentar enfrentarse como antaño a los ejércitos pastafaris, se mantenía una aparente normalidad y pequeños grupos supuestamente incontrolados eran los que atacaban iglesias pastafaris, escuelas, universidades y bibliotecas, los centros de reunión de los creyentes en el Divino Monstruo. Aparentemente, los cristianos eran gente educada, amable y que ayudaban a todos, por lo que atraían nuevas vocaciones. Pero secretamente iban entrenándose para una batalla final que tenía el valor de Guerra Santa, por lo que los caídos en las refriegas se suponía llegarían al Paraíso directamente.

La revuelta contra Agapito (946-947)

Cuando llegó al trono papal Agapito II, la revuelta se extendió en toda Europa. Los “pastafaris” comenzaron a protestar por la elección de Agapito, pues se suponía que su nombre ofendía al dios cristiano.

Agapito intentó sin éxito zafarse de los reproches, ampliando los derechos de los cristianos, pero estos, siguiendo un maquiavélico plan maestro, embistieron contra la iglesia del Monesvol y las instituciones de la época. Hubo cientos de miles de muertos, y Agapito, para poder calmar los ánimos cristianos, reeditó el Acuerdo Sergiano, por el que los templos debían dividirse, si tenían un tamaño suficiente, en dos zonas: una para cristianos y otra para pastafaris.

La Paz Agapitense (947-955)

Con Agapito II se instauró una frágil paz, lograda tras las concesiones a los cristianos. Pero la soberbia de los herejes, hasta entonces perseguidos y ahora perseguidores en muchas ocasiones, provocó el malestar en la sociedad pastafari. Los ciudadanos de Pastafaria se organizaron secretamente y trazaron un plan que se pudo realizar tras la muerte de Agapito.

El trienio Sangriento (955-958)

El nuevo papa, Juan XII, conocedor de los planes de rebelión ciudadana, organizó una persecución a muerte de todos los cristianos, sin previo aviso. En tres años redujo la población cristiana a una tercera parte de la original. Esta terrible matanza recibió el nombre de Trienio Sangriento. Se prohibió el cristianismo so pena de muerte, y todos los herejes debían jurar fidelidad al Monesvol o morir.

Ni que decir tiene que esto no le pareció bien a todo el mundo.

La Paz de los Juanes (958-972)

La política de represión sin piedad tuvo continuidad en los siguientes papas y reyes pastafaris, hasta Juan XIII.

La sociedad poco a poco iba recuperando sus costumbres pastafaris y una cierta normalidad, aunque la brutalidad se había ya instalado en los usos y maneras de los estamentos oficiales. Muchos pastafaris se avergonzaban de su religión, que se había traicionado a sí misma para repeler a los cristianos.

En esta época, los cristianos se refugiaban en la clandestinidad, amedrentados, y muchos pastafaris les ayudaban a esconderse por simple humanidad. Las orgías se declararon obligatorias, pero eran una imposición política, hasta los propios pastafaris comenzaban a aborrecerlas.

La rebelión de los Monesvolianos (973-974)

La ascensión al trono papal de Benedicto VI vino provocada por un grupo de pastafaris ortodoxos, los Monesvolianos. Estos devotos de Su Fideeza se rebelaron contra la política represiva de los papas anteriores y formaron frente común con los cristianos que vivían en clandestinidad. Invadieron el Palacio Papal e invitaron a renunciar al papado a Juan XIII, no sin antes separarle la cabeza del cuerpo.

Benedicto VI tomó buena cuenta de las razones de estas gentes y decidió instaurar un orden nuevo en el que la iglesia pastafari renovó sus normas volviendo a la esencia de lo que había sido. La amabilidad y el amor por el placer de los pastafaris volvieron a campar a sus anchas por toda Europa.

Con respecto a los supervivientes cristianos, volvió a las condiciones impuestas por su predecesor Juan X, y estos pudieron salir de la clandestinidad y practicar discretamente sus ritos.

La Concordia Final (975-1000)

En los últimos 25 años de existencia del Pastafarismo en la Europa medieval, la sociedad pudo avanzar en una era de paz y convivencia ejemplares. Pero no fue así. Los patricios cristianos, ávidos de poder, no toleraban compartir las riquezas con los pastafaris, incluso aunque el sucesor de Benedicto VI, Benedicto VII reeditó la división de los templos. Vistos los errores de sus antecesores, los jefes cristianos decidieron volver a la más antigua estrategia: ganarse a los mandos de la Iglesia y la Nobleza mediante ricas dádivas y haciendas, promesas de poder y favores sexuales. Consiguieron poco a poco introducir a gente de su confianza en           muchos altos cargos de la Iglesia del Monesvol y la nobleza pastafárica, con lo que la  traición de Silvestre II al año de su llegada al trono no supuso demasiado trabajo.

La Debacle de los Pastafaris (1000-1024)

Como es conocido, Silvestre II se pasó al Cristianismo de repente y publicó la encíclica Pastafarica Debaclem que ordenaba de facto la extinción de todo rastro de pastafarismo en personas, animales o cosas.

Veinticuatro años duró la persecución implacable. Nadie tuvo piedad de los pastafaris, ni siquiera dentro de las familias. Se trazó un plan maestro en el que, para evitar la vuelta de esa religión, muchos héroes se convertían en demonios (como Belcebú, Satanás, Barrabás, Lucifer), o si eran demasiado importantes se borraban definitivamente de las listas, y su simple mención causaba ejecuciones (Rataube, Onipsis, Krusher y por supuesto Frikipedio). Los templos, bellísimos templos, fueron reducidos a cenizas o transformados en lugares cristianos. Los palacios ardieron y también las bibliotecas, gimnasios, termas… nada quedó en pie. Finalmente, solo un par de inscripciones descuidadas en Grecia y el Corpus Frikipedicum en Gondwana quedaron como testigos mudos de la gran persecución. Hasta la propia encíclica que ordenaba el fin del pastafarismo fue destruida. Sí. Todas las copias. Luego los monjes cristianos, que sustituyeron a los pastafaris, y la Iglesia Católica, que adquirió en pocos años todo el poder de la antigua Iglesia Pastafari, superándola incluso, se encargó de adaptar el relato histórico a su mayor conveniencia.

El resto es Historia.

¿Sabía que…
…las Guerras Pastafaris, pese a su indudable realidad histórica siguen siendo negadas por la Wikipedia?
…la guerra tal como la entendemos hoy comenzó en estas batallas?
…de no ser por el empeño de Sergio II en compartir los templos con los cristianos, hoy probablemente tendríamos orgías en lugar de Semana Santa?

* Alias El Intrascendente. Su nombre, bastante original, ni siquiera se ha conservado en los Anales cristianos.

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